I. MONICIÓN DE ENTRADA:
• Jesús Angel Juberías Navarro , conductor de uno de los camiones cisterna. Vecino de Jadraque. De 43 años. Casado y padre de dos hijos.
• Mercedes Vives Parra , conductora de un camión. Vecina de Humanes. De 43 años. Madre de dos hijos.
• Julio Ramos Ballano , retén. Vecino de Guadalajara. De 28 años. Soltero.
• José Ródenas Parra , retén. Vecino de Cogolludo. De 52 años. Nacido en Socuéllamos (Ciudad Real). Padre de una hija.
• Manuel Manteca Hernández , retén. Vecino de Marchamalo. De 23 años. Soltero.
• Luis Solano Montesinos , retén. Vecino de Guadalajara. De 35 años. Soltero.
• Marcos Martínez García , retén. Vecino de Guadalajara. De 24 años. Soltero.
• Jorge César Martínez Villaverde , retén. Vecino de Madrid. Soltero y con familia en Jadraque. De 24 años...
• Sergio Casado Iritia , retén. Vecino de Cabanillas del Campo. Nació el 21 de enero 1983. Soltero.
• Pedro Almansilla Fuero , coordinador del retén. Vecino de Cifuentes. De 52 años. Casado y padre de dos hijos. Natural de Mariana (Cuenca).
• Alberto Cemillán Jadraque , guarda forestal. Vecino de Arbancón. De 37 años. Casado y padre de dos hijos.
A ellos hemos de añadir los dos trabajadores fallecidos en las tareas de la tala y arrastre de los pinos quemados
Mirando hacia atrás, lo más duro, doloroso y dramático de todo lo sucedido ha sido la pérdida de vidas humanas. Fue lo más grave que sucedió en aquel incendio. Once personas, a las que las llamas que intentaban combatir les arrebataron la vida, que nadie podrá devolverles y dejaron en su familia, en sus compañeros y amigos y - ¿cómo no? – en todos nosotros un profundo dolor, el llanto y el luto difícilmente superables.
1. Hacer memoria
Haciendo memoria, sin que por ello debamos escatimar esfuerzos en el pleno esclarecimiento de los hechos y en la exigencia de responsabilidades, una primera lección y el consiguiente compromiso se deducen de estos hechos. Que todos, los implicados, los afectados y los que pudieran considerarse ajenos a este trágico acontecimiento habremos de hacer todo lo posible y evitar todo lo evitable para que nunca más vuelva a suceder una desgracia semejante.
Ello puede estar en buena parte en nuestras manos, si somos cada vez más responsables, más respetuosos con la naturaleza y con el medio ambiente, más solidarios con las personas, con nuestros contemporáneos y con las generaciones venideras. Si por parte de la Administración pública se toman las medidas adecuadas y si se arbitran los recursos necesarios, como medida de prevención para el caso en que, por malicia o por culpa, por incuria, descuido o accidente, o por catástrofe natural, pudiera suceder algo similar. Con todo, siempre será necesaria la solidaridad con las víctimas y con los damnificados por encima de la obligada atención al medio ambiente, en anteriores o futuros acontecimientos desgraciados.
En este sentido animo a todos a fomentar en nosotros sentimientos, actitudes y comportamientos solidarios con las personas y respetuosos con la naturaleza. A las autoridades y responsables del cuidado de la naturaleza, de la justa distribución de la riqueza y del bien común les exhorto a que, por encima de intereses personales, partidistas o de grupo, trabajen por el bienestar de todos, con especial preferencia por los que, o no alcanzan el nivel medio de vida o de prosperidad, o viven en condiciones de exclusión, marginación o sufrimiento.
Otra conclusión a la que hemos de llegar, siempre que hacemos memoria de una desgracia, ha de ser hacernos sinceramente la pregunta de si no hubiéramos podido hacer las cosas mejor. Y no tener miedo a la respuesta. El reconocimiento de nuestras limitaciones, de nuestras debilidades e incluso de nuestros fallos es el juicio acertado sobre la realidad de este mundo, que siempre es imperfecta y perfectible; constituye un factor muy positivo para una cura de humildad, y es el mejor punto de partida para emprender una mejora de nuestras propias personas y del campo de nuestras responsabilidades.
2. Justicia y paz
Pero la pregunta más difícil de responder es: ¿Qué podemos hacer en este momento y en el futuro por nuestros once hermanos fallecidos en el incendio del pasado año y por sus familiares?
Es justo y estáis en vuestro derecho, queridos familiares, de desear y de exigir conocer, hasta donde sea posible, la plena verdad de lo sucedido y de exigir las responsabilidades a quienes las tengan. Esperemos que la justicia tenga la posibilidad de esclarecer plenamente lo sucedido y de dar a cada uno lo suyo.
Con todo, a vuestros seres queridos fallecidos nadie os los devolverá a la vida y a la familia. ¿Qué hacer ante lo ya inevitable? Seguir lamentando que las cosas, tal vez, pudieron haber sido de otra manera, no nos ayudará mucho y nos puede colocar ante un muro sin salida que nos haga perder la esperanza y las ganas de seguir luchando por los supervivientes y por los hijos y familiares que dejaron los que murieron, para los que ellos trabajaron por los que ellos vivieron y murieron.
No quiero que se me entienda mal, como si se tratara de una evasión o de un fácil consuelo, si os invito a considerar la palabra de Dios que acaba de ser proclamada en esta celebración y de la que podemos sacar consecuencias para nuestra vida. La palabra de Dios, reflejo de su sabiduría, puede ayudarnos a iluminar nuestra oscuridad, a consolarnos en nuestro dolor y a proporcionarnos la fortaleza y la esperanza que necesitamos para seguir viviendo con un mínimo o un máximo de paz interior, de ánimo, de alegría y de esperanza.
3. Dar la vida por los demás
En primer lugar, quiero fijarme en la frase con la que termina la lectura escogida como primera, tomada de la 1ª Carta de San Juan: “ En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos” .
Es a los familiares de los fallecidos a quienes menos costará entender que en el infierno del fuego en que perecieron once personas, vuestros seres queridos, brilló con luz propia la antorcha del amor. Vosotros, mejor que nadie, sois testigos de la relación de amor que os ligaba mutuamente. Vosotros recordáis agradecidos su cariño y sus innumerables muestras de amor. Vosotros erais conscientes, como ellos, que quien asume una profesión o un trabajo de alto riesgo en el servicio público, asume la posibilidad de dejar la vida en el empeño. En esta ocasión así sucedió. Por eso, más allá de todos los condicionantes que fueron causa de su muerte y por encima de todo otro pensamiento o sentimiento, dejad anidar en vuestra mente el convencimiento y en vuestro corazón el sentimiento de que vuestros familiares dieron la vida por amor.
Por amor dio Jesús la vida por todos nosotros, aunque las apariencias externas parecían decir que se la quitaron los judíos por blasfemo y los romanos por agitador subversivo. Por amor y por el servicio a su familia y en la defensa de la seguridad y del bienestar de todos nosotros, dieron la vida vuestros seres queridos. “ En esto hemos conocido el amor. en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos ”. Consolaos con estas palabras.
4. Agradecer la revelación de “este misterio”
En segundo lugar, os invito a todos a dar gracias con el Señor Jesús porque el Padre, que ha ocultado estas cosas a lo sabios y entendidos, se las ha relevado a la gente sendilla. Tenemos la dicha de contarnos entre la gente sencilla que hemos recibido el regalo de la fe y con ella la revelación de estas cosas , que no son sino el Misterio de Jesucristo Muerto y Resucitado, en el que creemos, en quien esperamos por encima de toda esperanza, al que celebramos en la Eucaristía que nos reúne.
¡Qué difícil es entender, más aún aceptar el misterio de la muerte! Sobre todo, cuando como en nuestro caso, se trata de la muerte de personas en plena vida, varios de ellos con hijos, todos con familia y con intransferibles responsabilidades familiares.
Tampoco a los creyentes nos resulta fácil entender y aceptar estos acontecimientos, ni responder a las peguntas de por qué, por qué así, por qué ahora… Pero, al menos, tenemos una salida ante este misterio, una luz que ilumina nuestra oscuridad, una clave de interpretación de esta dura realidad.
Dice el Concilio Vaticano II que “ realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado ” (GS, 22). Sólo desde la fe en Jesucristo muerto y resucitado, anticipo y prenda de nuestra muerte y de nuestra resurrección, podemos aproximarnos al esclarecimiento del misterio de nuestra muerte y de la muerte de nuestros seres queridos, a la superación de nuestra natural y justa rebeldía contra la muerte definitiva, a traspasar las fronteras de la temporal separación de nuestros difuntos y a recuperar la paz y la esperanza.
5. Venid a mí todos… Cargad con mi yugo y aprended de mí
Finalmente, y por lo mismo que en el Señor, en su palabra, en su vida y en su muerte para la resurrección encontramos la respuestas a nuestra grandes preguntas, también en él encontraremos el consuelo en nuestra aflicción, el alivio a nuestro agobio y a nuestras cargas, la ayuda a llevar nuestra cruz, que siempre será menos pesada que la suya. Si para él su yugo fue llevadero y su carga ligera, con él nuestro yugo, nuestra carga y nuestra cruz, también la de la muerte de nuestros seres queridos, serán llevaderas, porque en él encontraremos el descanso.
En él encontrarán nuestros seres queridos el descanso eterno y nosotros el descanso y la paz interior que nos proporcionará saber que no estamos solos, Que con nosotros camina quien con su cruz lleva la nuestra, que alivia nuestras penas, enjuga nuestras lágrimas, es descanso en la fatiga, luz en la oscuridad, esperanza en el desánimo, amor en la temporal separación de nuestros seres queridos.
Conclusión
En la Eucaristía, Misterio de nuestra fe, Misterio de amor, de muerte y de resurrección, vivimos la experiencia de la comunión con los mismos sentimientos que tuvo el Señor al dar la vida por todos y el consuelo de la comunión de los hermanos y hermanas, que queremos llenar el vacío y poblar la soledad que deja la muerte.
En manos de Nuestra Señora, la Madre del Crucificado Resucitado, ponemos la suerte de nuestros hermanos difuntos, las personas y el futuro de sus familiares , compañeros y amigos y la protección de nuestras vidas y de nuestro medio ambiente, escenario de la acción de Dios sobre nosotros y de nuestras relaciones en paz y fraternidad. Amén.